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ALAN SUTTON Y LAS CRIATURITAS DE LA ANSIEDAD EN EL GRAN REX (2025)

  • Foto del escritor: Valentina L.
    Valentina L.
  • 11 ago
  • 3 Min. de lectura

ph: Micaela Lopez (@micaelalsf)
ph: Micaela Lopez (@micaelalsf)

“En mayo de 2024, Alan Sutton, Jerónimo Romero y Gonzalo Moreno se aislaron en una cabaña en medio de la naturaleza y las imponentes montañas de Calafate. Allí se armó un estudio improvisado y en 13 días se hizo un disco de 11 canciones que fue grabado de manera consecutiva.” Así se leían en los folletos entregados en las escaleras del Gran Rex, resumiendo de manera concisa el nacimiento de Berrinche, el último disco, tour y proyecto de Alan Sutton y las Criaturitas de la ansiedad.

Fanáticos de la banda -o criaturitas, como se les denomina cariñosamente- de toda índole llenaron la noche del 9 de Agosto la calle Corrientes, sin discriminación de edad, género ni grupo etario. Es que la música compuesta por Alan y su banda tiene una genuinidad que atrae a un público heterogéneo, logrando trascender barreras generacionales (o de cualquier otro tipo). A las 9, en el teatro Gran Rex las luces se apagan y la espera rinde sus frutos: cuando las luces se apagan aparece Alan quién no sólo es la voz principal y compositor sino también director de esa puesta en escena.

Después de colgar en un perchero el piloto amarillo que lo acompaño en los visualizers del álbum, nos recibe con Pintura en la Pared, dando por inagurado el show. El público, él y una guitarra acústica; esa es la esencia de Berrinche. 

¿Pero por qué berrinche? ¿Qué es un berrinche? Esa es la pregunta que ata a todo el show, a todo el tour y a todo el disco. Alan trae una definición enciclopédica, pero se queda corto para él y para todos los que lo estamos viendo. Entonces, el resto del show se convierte en una búsqueda por entender lo que es. Un berrinche, Alan explica una vez que estamos todos sentados y las luces del teatro se apagan, lo tiene un niño, pero también un adulto. Lo tienen oficinistas, músicos, artistas y profesionales. Todos podemos estar sujetos a tener un berrinche, pero no siempre es malo; a veces, da como resultado cosas como esas: Un disco nuevo, que se aparta del último proyecto de la banda, con la convicción de que la gente del otro lado va a quedarse lo suficiente como para dejarse convencer de darle una oportunidad a lo diferente. Un berrinche. 

Cuando las luces del escenario se vuelven a encender, recibimos al resto de los músicos y una puesta en escena a cargo de Mariela Solari que te transporta a aquella cabaña donde surgió todo, como si todos pudiéramos haber estado ahí en el momento de la creación. Y aunque no estuvimos, logramos entender un poco de lo que se sintió; con las hojas de otoño desperdigadas por el piso, sillones, mate, y una ventana desde donde sale el sol mientras la banda se une a Alan para tocar Me Voy, Otra Vez y la canción que le da nombre al disco.

Pero el show no se limitó a eso; Hubo clásicos infaltables, como Algo tiene que Cambiar, Tutank'mon y Bonsai, y también favoritos de los artistas que no son los más escuchados (aunque su público las conocía bastante bien) como Cacique. También hubo varios invitados de lujo, como Francisca Figueroa, y la Bersuit.  

Armadura de Papel merece una mención especial, por la potencia emocional que transmite Alan al tocarla en vivo. Antes de cantar, aclaró que fue la canción que necesitaba para transitar el duelo de su perro, pero va más allá de eso. Lo hizo para él, pero también lo hizo para cualquiera que necesitara escucharlo. ¿Acaso hay una experiencia más universal que extrañar a nuestros seres queridos?   

Algo que vale la pena celebrar a Alan y a su equipo es el hilo conceptual de sus obras, que dan cohesión a sus canciones. Sucedió en el disco anterior y sucede en Berrinche; hay una razón de ser, media explicada y medio implicita, que le da al proyecto entero una solidez envidiable en las épocas de la música dictada por algoritmos y tendencias. 

Después de su último trabajo, ‘Algo tiene que cambiar’, ‘Berrinche’ es una invitación a bajar un cambio, a sentarse con uno mismo y reflexionar sobre lo que aflora cuando estamos con nosotros mismos, los que amamos y la naturaleza. Es distinto, y se siente como un voto de confianza depositado en aquellos fans que se acercaron por esos temas más caóticos, más movidos. El que no arriesga no gana, y si el Gran Rex es un testamento de sus resultados, se podría decir que fue una apuesta que rindió sus frutos, encontrando un público que les devolvió el mismo cariño y cuidado con el que compusieron y tocaron. 


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