Del viaje astral al pogo: El doble set de Winona Riders en el Konex
- MBU

- 8 mar
- 3 Min. de lectura

Por Ana Figueroa
¡Hola comunidad MBU! ¿Están disfrutando de esta temporada festivalera, de tardes de verano y música en vivo? Acá el equipo de MBU vivió un fin de semana de muchos shows y presentaciones, así que tenemos muchísimo para contarles.
Yo fui la encargada de inaugurar el finde yendo al Konex, ese mítico refugio cultural en el corazón de Almagro. La tarde-noche nos regalaba una postal perfecta de verano porteño; de esas que no hace ni un calor agobiante ni frío, en las que con una remera estás perfecto.
Me emocionaba mucho ver a los Winona Riders en vivo. Venía escuchando el rumor de que cada show suyo es un mundo diferente al anterior, y esa singularidad genuina despertaba toda mi curiosidad.
Fui de las primeras en ingresar al predio, lo que me dio ventaja para chusmear tranquila el stand de merch. Me llevé una sorpresa hermosa: no solo tenían las clásicas remeras, sino que ¡también vendían CDs de la banda! Me está encantando esta nueva movida de regreso a lo analógico. Ver bandas que todavía apuestan al formato físico me emociona bastante. Abro debate para ustedes: ¿Qué piensan de esto? ¿Les copa la idea? ¿Ya tienen alguna copia en formato físico de sus bandas favoritas en esta era del streaming?
También admito que me fascinó ver diseños originales, saliendo un poco del clásico logo estampado en el pecho. ¿El que más gracia me causó? Una remera que en la espalda simplemente preguntaba: "Stooges? Velvets? Spacemen?". Se ve que no fui a la única a la que le gustó, porque vi a varios fans luciendo ese diseño mientras se pegaban a la valla para estar lo más cerca posible del escenario.
El show estaba planteado como un doble set. La idea era arrancar en el mítico patio del Konex para después, huyendo del fresco que trae la noche, mudarnos a la Sala de las Columnas para un cierre mucho más íntimo donde el calor de la muchedumbre alimentara los pogos.
Mientras esperaba que se hicieran las 20:00, me dediqué a observar las caras de los demás asistentes. Estábamos todos en la misma: mirábamos el escenario con una mezcla de intriga y desconcierto porque estaba lleno de instrumentos rarísimos. Había muchos. Y todos nos preguntábamos de qué íbamos a ser testigos.
El reloj marcó las ocho en punto. Los músicos salieron a escena y lanzaron los primeros acordes al aire. Nos mirábamos con incredulidad, tratando de adivinar con qué nos sorprendería la banda esta vez. Si hubiésemos hecho apuestas, creo que nadie habría acertado.
Winona Riders inauguró la noche con una hora y media de música que desafiaba etiquetas. ¿Cómo podría definirla? ¿Música zen? ¿Música de meditación? Lo cierto es que, en un momento, simplemente dejé de intentar entenderla y comencé a dejarme llevar. Mientras la mente viajaba, mis ojos empezaron a recorrer el lugar. Fue ahí que me llevé una sorpresa increíble: en lo alto, vigilándonos atento desde el techo y con la mirada fija en el escenario, había un inmenso escarabajo construido con…. ¿chatarra?. Esa presencia imponente y silenciosa no hizo más que aumentar la mística del momento, haciendo que todo el entorno cobrara vida. Podría asegurar que varios de los presentes entramos en una especie de trance colectivo bajo esa mirada de nuestro amigo metálico, guiados por la vibración de instrumentos extraños que nunca había escuchado en mi vida, pero que, por la inmensa creatividad de la banda, tuve el privilegio de apreciar.
Luego de esa hora y media de viaje astral al aire libre, estábamos listos para la segunda parte del ritual. Nos trasladamos a la Sala de las Columnas, donde la historia iba a ser totalmente diferente.
Ahí adentro, la banda nos tenía preparado lo que veníamos a buscar. En un ambiente mucho más crudo e íntimo, resguardados del frío de la noche pero sumergidos en el calor de un público que ya había purificado su mente bajo las estrellas, la energía mutó. Toda esa tensión contenida durante la meditación colectiva se liberó de golpe, transformándose en una catarsis de danzas frenéticas, sudor y pogos interminables. Un contraste perfecto para una noche inolvidable.
Fotos por Ana




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