Lisa Scha en El Maquinal: "¡Maldito sea el pop!"
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Actualizado: hace 3 días
Por Lorena Punsoda

La presentación de COLAPSO en El Maquinal confirmó algo que el disco ya insinuaba: Lisa Scha entiende el pop como un territorio de contrastes. Oscuridad y brillo. Fragilidad y exceso. Introspección y movimiento. Sobre un escenario prácticamente desnudo, dominado por el negro, la cantante apareció envuelta en un vestido metálico que capturaba cada haz de luz. La imagen era simple pero efectiva: mientras Santiago Toranzo y las coristas, vestidos en tonos ceniza, se mimetizaban con el fondo, Lisa se convertía en el centro visual y emocional de la escena.
Bajo una lógica minimalista, no hubo grandes artificios ni pantallas invasivas. El protagonismo estuvo en el cuerpo. Las luces blancas se encargaban de guiar la mirada: la seguían, la aislaban o la dejaban a contraluz. Frente a ese despliegue, ella respondía con una presencia electrizante: movimientos espasmódicos, gestos abruptos y una expresividad que parecía brotar directamente de las heridas. Había una entrega absoluta en esa forma de exponerse, y el público se la devolvía en la misma medida, suspendido en un estado de fascinación de principio a fin.
La apertura con «Colapso» marcó el tono de la noche. Lo que en el disco funciona como puerta de entrada a un universo interior turbulento, en vivo adquirió una dimensión aún más visceral. La máxima contundencia se desató con «Flashback» y «Arisca», canciones donde la tensión acumulada encontró su mejor traducción escénica; una mezcla de deseo, ansiedad y furia que transformó el lugar en una pista de baile infernal. Esa misma intensidad terminó por exigir un respiro, y «Chica» llegó en el momento justo, ofreciendo un instante de calma sin romper el hechizo general del espectáculo.
Hacia el tramo final, la energía volvió a crecer. «Cómpreme» recuperó el pulso frenético de la primera mitad y «Omnisciente», junto a Juana Rozas, agitó el clima de la sala hasta volverlo pura efervescencia. Si el disco era el registro de una crisis, el show fue la celebración de la supervivencia. Envolviendo el dolor en destellos plateados, Lisa Scha plantó bandera y firmó su propio manifiesto: un pop áspero, magnético y perturbador. La banda sonora perfecta para quienes todavía siguen bailando con el corazón hecho pedazos.
Fotos por Lorena P




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