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​La temperatura justa para derretir el invierno: Juan Ingaramo y una noche al rojo vivo en Niceto Club

  • Foto del escritor: MBU
    MBU
  • hace 2 días
  • 2 min de lectura

Por Lorena Punsoda


El jueves 25 de junio a las 21 horas, Niceto Club se erigió como un contraataque directo al invierno porteño. Mientras el frío cortaba la calle, Juan Ingaramo encendió la temperatura puertas adentro con un diseño estético que delegó todo el impacto en la música. Con un telón blanco fruncido de fondo, el cordobés salió a escena vistiendo campera de cuero, musculosa blanca y pantalón sastrero celeste, cruzando la elegancia urbana con la soltura de un galán de barrio. El pulso bailable de «Comodín» abrió la noche a puro pop electrónico, una línea que continuaron de inmediato «Casual» y «Argentina Star». Este bloque inicial tradujo a la perfección la primera fase del enamoramiento: ese momento justo en el que empiezan a saltar las chispas de la atracción y la diversión le gana a las vueltas.


La lista de temas cambió rápido de marcha para adentrarse en el terreno del anhelo. Con «Por sí o por no», Ingaramo bajó las revoluciones electrónicas para cantar sobre la expectativa y esa ansiosa incertidumbre de quien aguarda la respuesta de la persona que le gusta. El verdadero quiebre llegó cuando la puesta pasó de la pura seducción a la sinceridad con «Shampoo». En ese instante, el público cubrió el aire con globos rosas, replicando el espíritu de la canción dedicada a su hija Lila. La ternura se instaló en la sala y se estiró hasta «24hs», un tema luminoso que captura el estado de estar embobado por alguien, combinando su perfil de chamuyero coqueto con una calidez sumamente humana.


La faceta reflexiva encontró su lugar cuando el cantante se adueñó del piano. El concierto se desnudó por completo, dejando de lado los ritmos programados para concentrarse en la vibración de las teclas y la cercanía de la voz. Pasaron «Dos extraños» y «El compositor», piezas compartidas con el corazón abierto que funcionaron como una confesión directa. La intensidad creció con «Casamiento» y explotó con su versión de «Lloviendo estrellas», el clásico que el artista adaptó a su propio universo con total naturalidad. Este bloque acústico reconfiguró la energía del recinto y ratificó la solidez de su repertorio, demostrando que la efectividad de sus letras se agiganta cuando se apoyan únicamente en la interpretación.


Al dejar el teclado, las luces rojas tiñeron el escenario y modificaron el clima hacia una tensión física. El ritmo de «Hace calor» y «Lengua universal» recuperó la veta más provocadora del músico, quien domina los tiempos con el magnetismo de un seductor nato. Tras un breve suspiro melancólico con «Ya borré tu número del celular», el tramo final se convirtió en una fiesta absoluta que puso a bailar a todo el mundo, desde los más predispuestos hasta los más tímidos. El enganche de «Romeo y Violeta», «Matemáticas» y el cierre con «Cuartefunk» desataron un agite irresistible que enlazó lo antiguo con lo moderno. Juan Ingaramo ofreció así un show impecable y multidimensional, un recorrido integral por su discografía que consolidó su versatilidad y su inigualable don para cantarle al amor.


Fotos y videos por Lorena P

 
 
 

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